
Mi forma de ejercer la abogacía penal no es casual ni generalista. Es el resultado de una trayectoria profesional construida durante años en el análisis técnico de los casos más complejos del sistema penal y de una decisión consciente de limitar mi práctica jurídica a aquellos asuntos en los que esa experiencia marca una diferencia real.
Como abogado penalista, acepto únicamente un número muy reducido de procedimientos cada año. Me centro en causas de especial gravedad y complejidad, en particular procesos ante el Tribunal del Jurado, delitos violentos y supuestos en los que la acusación comporta una exposición penal extrema, así como en el estudio y la preparación de recursos de casación cuando el caso exige un nivel de precisión técnica máximo. No se trata de exclusividad como concepto abstracto, sino de una exigencia profesional derivada del tipo de asuntos que asumo.
Mi conocimiento del sistema penal no procede solo del ejercicio de la abogacía. A lo largo de mi carrera he desarrollado una actividad forense privada de alto nivel como perito médico, con proyección y reconocimiento internacional, trabajando en casos complejos en los que la valoración técnica de la prueba ha sido determinante. Esa experiencia me ha permitido conocer el proceso penal desde una posición privilegiada, entendiendo cómo se construyen las hipótesis acusatorias, cómo se valoran realmente los informes periciales y qué elementos técnicos son los que, en la práctica, sostienen o derriban un caso.
Lejos de ser un ámbito accesorio, esta trayectoria forense es una de las bases que explican mi forma de analizar un procedimiento penal. No ejerzo como perito cuando actúo como abogado, ni confundo funciones, pero sí aplico una comprensión profunda del valor real de la prueba, de sus límites y de sus debilidades. Ese conocimiento condiciona mi manera de estudiar los sumarios, de seleccionar estrategias y de decidir, incluso, qué casos merece la pena asumir y cuáles no.
Por esa razón, como abogado no acepto más de diez o quince asuntos al año. Los procedimientos con violencia grave, muerte o una elevada trascendencia penal requieren una dedicación absoluta, un estudio prolongado y una preparación que no admite atajos. Aceptar un mayor volumen de casos sería incompatible con el nivel de profundidad y calidad que considero exigible en este tipo de defensas. Cuando un asunto no alcanza ese umbral de gravedad o complejidad, puede ser atendido por mi equipo con plena solvencia. Cuando lo alcanza, mi intervención es personal y directa.
Mi manera de trabajar es analítica, estructurada y orientada a los hechos. En los procedimientos penales graves, y muy especialmente ante un jurado, la defensa no se construye sobre impresiones ni discursos, sino sobre una comprensión precisa de lo ocurrido, de lo que puede demostrarse y de cómo cada elemento encaja dentro del proceso. El análisis detallado de la documentación, las cronologías, los informes técnicos y las versiones de los hechos constituye el núcleo de mi trabajo, con una atención constante a los puntos de fricción donde la acusación suele mostrar sus debilidades.
En este contexto, mi condición personal también forma parte de mi desempeño profesional. Estoy diagnosticado de síndrome de Asperger, dentro del espectro autista, y lo integro de forma natural en mi ejercicio. En términos prácticos, se traduce en una elevada capacidad de concentración sostenida, una atención muy precisa al detalle y una forma especialmente estructurada de procesar información compleja durante largos periodos de tiempo. En procedimientos extensos, técnicamente exigentes y sometidos a una presión constante, estas características resultan particularmente valiosas para mantener el foco, detectar incoherencias y sostener un análisis profundo sin perder claridad.
Desarrollo mi actividad profesional entre España y Estados Unidos. Mi ejercicio como abogado se realiza en España, con despacho en Madrid, y mantengo una presencia habitual en Estados Unidos, especialmente en Miami, vinculada a mi trabajo forense y a la coordinación técnica en asuntos con dimensión internacional. Esta proyección responde a una lógica profesional y metodológica, y no a una cuestión de imagen.
En sala, mi estilo es sobrio y clásico. La preparación, el respeto institucional y la consistencia técnica están siempre por encima de cualquier artificio. No prometo resultados, porque el derecho penal no los permite, pero sí un compromiso firme con el trabajo serio, el análisis profundo y la responsabilidad que exigen los procedimientos más graves.
Esa es la base sobre la que decido qué casos asumo y cómo los defiendo.
Debido a mi escasa disponibilidad, solamente atiendo con cita previa
Plaza Castilla, Madrid, España
Teléfono: 608076333